Historias de esperanza

Patrice, receptor de córnea

El viaje de Patrice hacia el trasplante de córnea

Patrice, receptora de córnea, empezó a tener problemas de visión en el verano posterior al primer curso de primaria. Durante una acampada, un amigo de la familia se dio cuenta de que Patrice cerraba el ojo izquierdo cada vez que le daba el sol. Esto inició lo que sería un esfuerzo de años por parte de los padres de Patrice para determinar la causa de un grave problema ocular que le hacía perder visión en ese ojo. Al final le diagnosticaron herpes simple 1, una enfermedad que afecta a la córnea y puede causar pérdida de visión y ceguera. La medicación antivírica detuvo el crecimiento del virus, pero el ojo izquierdo había sufrido daños irreversibles que la dejaron con una visión de 20/400 y graves deficiencias visuales. La mejor esperanza para Patrice era un trasplante de córnea.

Patrice recibió su trasplante gracias a la generosidad de un donante de córnea. Inmediatamente sintió el profundo impacto de la donación de su donante, y la recuperación de su vista llenó a Patrice de un sentimiento de gratitud que no ha disminuido desde hace 38 años.

La vida de un receptor de córnea

Al poder ver los detalles de la vida, Patrice ha podido asimilar muchas cosas que de otro modo se habría perdido. Desde su trasplante de córnea, ha podido ver sonreír a sus hijos y experimentar plenamente las alegrías de la maternidad. Amante de la naturaleza, Patrice viaja a menudo a playas y montañas, y cuenta sus bendiciones como testigo de todos los amaneceres y atardeceres que tiene el privilegio de ver. En casa, se ocupa de sus huertos y jardines de flores, incluidos los jardines de flores "del recuerdo" que ha plantado en honor de los seres queridos que ha perdido. Patrice encuentra un gran consuelo en ver florecer esas flores especiales cada primavera, algo que no habría sido posible sin su donante.

Reconociendo la importancia de la donación de órganos, ojos y tejidos, Patrice anima a todo el mundo a inscribirse como donantes. No da por sentado ni un solo momento que podrá volver a ver, y siempre agradecerá la generosidad de su donante y de su familia, que lo hicieron posible.

"Pensé en mi donante y en mi familia donante la primera vez que puse los ojos en mis hijos, y pensé en ellos la última vez que vi a mi madre y le di un beso de despedida", dijo Patrice. "Pensé en ellos y les di las gracias por darme la alegría de vivir esos momentos con los ojos limpios".