Historias de esperanza

Jennifer, receptora de córnea

Jennifer

Jennifer, madre de dos hijas, Cazmyn (12) y Breya (10), perdió a su marido de cáncer en 2013. La vida de Jennifer como madre soltera era un caos. Tenía un trabajo de enfermera y cursaba un máster a tiempo completo, todo ello sin dejar de apoyar la participación de sus hijas en sus numerosas actividades extraescolares. Durante dos años, Jennifer trabajó duro para que las cosas funcionaran sin problemas, hasta que un grave susto de salud supuso un reto que estuvo a punto de poner en peligro sus mejores esfuerzos por lograr una vida feliz para su familia.

En octubre de 2015, Jennifer empezó a enrojecer el ojo derecho mientras trabajaba. En las 36 horas siguientes empeoró y tuvo que ir a urgencias. Le recomendaron que visitara a un oftalmólogo al día siguiente por lo que creían que era solo una abrasión en la córnea. Sin embargo, cuando regresó a casa, ya no podía ver por el ojo y una película turbia cubría toda la pupila.

Un oftalmólogo diagnosticó a Jennifer una infección muy agresiva y grave que se desplazaba hacia la retina. Tenía una úlcera extensa en la córnea y necesitaría un trasplante de córnea. Sin él, su ojo derecho quedaría permanentemente ciego.

Durante los meses siguientes, Jennifer fue vista por varios especialistas y mantuvo el ojo cubierto con un parche mientras esperaban a que desapareciera la infección y el ojo se recuperara del traumatismo para poder realizar la operación. Jennifer tenía alterada la percepción de la profundidad y había perdido la visión periférica. Cohibida por el parche y temerosa de exponerse a las bacterias, sufría mucha ansiedad cuando salía en público. Sin embargo, como Jennifer no podía tomarse mucho tiempo libre, continuó con su riguroso horario laboral y escolar. Una amiga íntima podía visitarla de vez en cuando desde fuera de la ciudad para ayudarla, pero seguía siendo difícil para Jennifer mantener una vida normal.

Seis meses después de la infección inicial, el médico de Jennifer determinó que su ojo estaba estable; su trasplante de córnea tuvo lugar el 26 de abril. Jennifer se sorprendió gratamente al experimentar muy pocas molestias y pudo volver al trabajo solo una semana después.

Ahora, más de un año después del trasplante, la visión de Jennifer ha mejorado mucho y puede disfrutar plenamente de todas las cosas que hacía antes de la enfermedad: cocinar, fotografiar y ser la mayor admiradora de sus hijas. "Puedo cursar estudios superiores y de enfermería avanzada gracias a que puedo ver", dice Jennifer. "Desde que estoy sana y he recuperado la confianza en mí misma, me esfuerzo a diario por ser la mejor madre posible para mis preciosas hijas. Mi gratitud es inconmensurable".