Historias de esperanza

Anya, donante fallecida, y Kaija, madre donante

El viaje de Anya hacia la donación de ojos y tejidos

Anya era extrovertida y consideraba amigos a todos los que conocía. Atleta por naturaleza, destacaba en todos los deportes que practicaba, especialmente el snowboard. La mediana de tres hermanas, la sociable Anya solía ser el centro de atención de su familia y amigos. Como estudiante de último curso de instituto con un gran sentido del estilo, tenía grandes planes para mudarse a Nueva York y estudiar moda después de graduarse. Por desgracia, justo después de cumplir18 años, Anya se suicidó, dejando a su familia desconsolada y afligida.

Kaija, la madre de Anya, estaba desolada e intentaba comprender que el brillante futuro que había imaginado para Anya no se haría realidad. Entonces recibió una noticia que le trajo un pequeño rayo de esperanza en medio de una época muy oscura: Anya se había inscrito como donante de órganos, ojos y tejidos. En medio de un dolor insoportable, Kaija y su familia encontraron una sensación de paz al saber que, aunque Anya ya no estaba, ayudaría a muchas otras personas necesitadas.

La vida después de la donación

Gracias a la donación de córnea, Anya pudo devolver la vista a dos personas, y su tejido donado curó a dos jóvenes víctimas de quemaduras mediante injertos de piel. Otras 83 personas recibieron ayuda gracias a la donación de huesos y tejidos de Anya. Para Kaija, fue necesario que su hija se convirtiera en donante para comprender plenamente la bendición que supone la donación de córneas y tejidos. En última instancia, las últimas donaciones de Anya no sólo curaron las vidas de sus receptores, sino que ayudaron a su familia a sobrellevar su dolor y comenzar su propia curación.

"Por favor, regístrese como donante", dijo Kaija. "Están haciendo un regalo increíble con el potencial de beneficiar a tantas personas. Mi preciosa niña ayudó a 87 personas a vivir mejor con su donación".